domingo, 7 de diciembre de 2014

Solo fotos (de entrecasa nomas) y con mis nietas del alma...

Viernes a la tardecita en mi amado patio andaluz

Con mis dos amores Delfina y Lourdes


Con Delfina (un poquito movidita)


Con Lourdes, un domingo lluvioso y "fiacoso"

viernes, 5 de diciembre de 2014

Significado de soñar con escaleras

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Subir o bajar por una escalera no parece ser un desafío. Sin embargo, todo es cuestión de perspectiva.

Para un bebé subir una escalera representa un gran desafío que requiere varias habilidades, muchas de las cuales pueden ser desplazadas simbólicamente hacia nuestros sueños: equilibrio, confianza, control del miedo y sentido del propósito.

Soñar con escaleras simboliza el ascenso y descenso en la vida (o de categoría), pero también el desplazamiento de un ambiente a otro. 

Todos subimos una escalera por primera vez y ese recuerdo la transforma en un símbolo de desafío e incluso de transición.

Los sueños con escaleras poseen una gran carga de ansiedad, no tanto por la escalera en sí misma, en definitiva, un vehículo de transición, sino por lo que podamos hallar al final.

Soñar que se sube por una escalera representa el ascenso hacia un nuevo nivel de comprensión, que no necesariamente tiene relación con un aumento de sabiduría sino con un cambio de razonamientos producto de un nuevo enfoque o una nueva postura frente a un hecho concreto.

Independientemente de cómo sea el ascenso, subir por una escalera en sueños siempre simboliza algún tipo de progreso espiritual o emocional. 

En cierta forma también indica el ascenso de pensamientos hasta entonces desconocidos.

Ahora bien, soñar con bajar una escalera representa el descenso hacia las regiones más oscuras de nuestros pensamientos, pero también hacia una zona nebulosa de recuerdos y experiencias que creíamos ya superadas.

Existe una clave muy importante para descifrar los sueños relacionados con escaleras. Todo cambia si aparece el miedo. No importa si subimos o bajamos por una escalera soñada, si el miedo se hace presente todo adquiere un nuevo significado.

Si el miedo surge al bajar por una escalera estamos frente a un miedo básico a enfrentarse con las propias emociones y pensamientos reprimidos. En muchos casos este tipo de sueños se relacionan con el descubrimiento de un hecho desconocido de nuestro pasado.

Arrastrarse penosamente por una escalera representa una gran falta de confianza y convicción, pero también una noción muy clara de hacia dónde se quiere ir o no en la vida.

Soñar con subir corriendo por las escaleras representa un ingenioso sistema de escape de nuestros impulsos sexuales reprimidos. 

En este contexto, la estructura simboliza el cuerpo, y el yo onírico que sube corriendo por las escaleras representa el escape de la conciencia de los impulsos que habitan en la parte inferior del cuerpo-estructura; en otras palabras, una huida frente al miedo que producen las pulsiones inconscientes de la sexualidad. 

Si, en cambio, en el sueño corremos felizmente escaleras arriba, entonces representa cierto sentido de exuberancia, de placer frente a una situación determinada.

Soñar con bajar por una escalera, aún en un descenso tranquilo y aplomado, representa el descenso de un sitio más alto a uno notoriamente más bajo. Todo descenso por una escalera es, en definitiva, una caída controlada.

Ahora bien, las escaleras siempre son iguales, no importa su forma realmente. Lo único que cambia es nuestra actitud frente a ellas. 

En los primeros años, gracias al constante reclamo de atención de parte de los adultos, el niño sube y baja por las escaleras tomando grandes precauciones. Sin embargo, todo cambia, hasta que en cierto momento de la vida los más jóvenes emplean las escaleras como verdaderas carreteras. Las escaleras se suben y se bajan a una velocidad frenética, apenas tocando los escalones con los pies, no importa si el destino es una habitación o la salida de la casa, las escaleras funcionan como medios de transición que se atraviesan vertiginosamente.
En los sueños la relación del sujeto con la escalera pasa por etapas más o menos similares. 

La escalera, otra vez, es un símbolo estático. Solo el sujeto cambia en relación a ella, desde un verdadero desafío a la estabilidad a una etapa transicional que puede superarse con gran destreza.

Soñar con caer por las escaleras es, estadísticamente hablando, un sueño menos recurrente de lo que podría especularse. 

Indica varios factores trabajando simultáneamente, pero que pueden sintetizarse en el retroceso a una fase primaria de la razón, gobernada por los impulsos y los deseos.

Etimológicamente la palabra escalera procede del latín scala, que representa una especie de anclaje con lo firme y lo estable, básicamente el sitio (escalón) donde los marineros ponían pie en tierra. A su vez, Scala proviene del griego Steikhein, "marchar", y éste de Stikhos, "fila". En Inglés Antiguo, por ejemplo, las escaleras eran llamadas Stæger, con un significado bastante parecido al español: "conjunto de escalones", presumiblemente en ascenso. En el Antiguo Alto Alemán, por el contrario, las escaleras eran llamadas Staigri, que significa "sendero", pero no cualquiera, sino un sendero descendente; de ahí que a los viejos trabajadores de las minas se los conociera como Steiger, es decir, los que andan por un camino descendente.

Es curioso, pero al menos en su historia las escaleras rara vez fueron vistas como medios de ascenso, sino más bien una forma elegante de descender hacia las profundidades.
 
elespejogotico.com

martes, 2 de diciembre de 2014

Como defenderse de un vampiro energético

La ocultista británica Dion Fortune, autora del libro maldito Autodefensa psíquica (Psychic Self Defence), siempre se mostró interesada en los vampiros energéticos, cuestión que en cierta forma favoreció a sus críticos, ya que éstos a menudo la acusaban de aliviar su hostilidad contra los hombres a través de la figura mítica del vampiro.

Ahora bien, Dion Fortune observó que existen distintas razas de vampiros energéticos, y que cada una de ellas opera asumiendo distintas personalidades. La primera asombra por su banalidad, e incluso por la ausencia de anomalías y características que inviten al profano a considerarse frente a un vampiro.

Para Dion Fortune todas las "víctimas" son, en definitiva, vampiros.

No hablamos de víctimas de algún tipo de atropello, sino de aquellas personas que se victimizan, que hacen de sí y de sus problemas el centro gravitacional de quienes los rodean.

Pero no solo Dion Fortune vio en este tipo de personalidad los rasgos del vampiro energético. El ocultista Eliphas Levi, autor de: Dogma y ritual de la alta magia (Dogme et Rituel de la Haute Magie), El gran arcano del ocultismo revelado (Le Grand Arcane, ou l'Occultisme Dévoilé), El libro de los esplendores (Le livre des splendeurs), El libro de los sabios (Le Livre des sages), Historia de la magia (Histoire de la magie) y La ciencia de los espíritus (La Science des Esprits), sostiene que las personas con tendencia a victimizarse son en realidad voraces vampiros energéticos.
Veamos algunas de sus características basándonos en las observaciones de estos dos creativos.

Los vampiros energéticos elaboran una suerte de teoría irrefutable sobre sus propias limitaciones e infortunios. Tanto íntimamente como de forma explícita se consideran incapaces de enfrentarse al mundo. Suelen quejarse a viva voz de sus problemas y desgracias. Desde su óptica, el mundo está en su contra. Nunca son ellos los responsables de sus desdichas y siempre encuentran algún culpable exterior.

El profesor Lugano, árido exégeta del vampirismo, desarrolló un esquema por el cual define al vampiro energético como aquel que busca incansablemente a los responsables de entorpecer su destino, evitando el único sitio donde puede encontrarlos: un espejo.

Eliphas Levi ofrece más detalles sobre los vampiros energéticos.

Señala que todos ellos son tozudos pesimistas. Buscan atraer la atención de los demás con gestos adustos, preocupados; suspiros teatrales, temblores, estremecimientos, llantos, miradas perdidas, respuestas pausadas, crisis reiterantes y relatos que giran en torno a un estado perpetuo de desdicha.

De este modo -apunta Eliphas Levi- este tipo de vampiros energéticos se ubica en un estado de vulnerabilidad que les permite acceder a la comprensión ajena.

Dion Fortune suscribe esta inclinación de los vampiros energéticos por mostrar su vulnerabilidad, ya que con ella seducen a sus oyentes. Desde luego, ningún vampiro energético busca realmente solucionar sus problemas, por el contrario, estos son su fuente de energía, su motor para manipular a quienes tienen la mala fortuna de rodearlos.
El vampiro energético se convence -y convence a los demás- de que es una víctima. Más aún, vive en un constante estado de defensa. Ofrece excusas sin motivo, explica su situación reiteradamente, habla más de lo que escucha, y siempre de sí mismo. Cuando alguien le ofrece una solución la deshecha rápidamente, y cuando no encuentra eco para sus quejas se muestra ofendido por la falta de interés de sus oyentes.

Según Eliphas Levi, acaso vampirizado hasta el hartazgo, todas las personas que luego de exponer con minuciocidad toda clase de problemas imaginarios preguntan:

"¿Qué debo hacer?"

tienen algo de vampiros energéticos. Los que luego de recibir nuestra respuesta sensata actúan como si nada hubiese sucedido, pasan a engrosar una clase de vampiros que no busca alimentarse de energía emocional, sino que encuentran un placer solaz en perpetuar ad infinitum su situación de víctimas, haciendo que cada sugerencia sea descartada con un abanico aparentemente interminable de argumentos.

Dion Fortune sostiene que no existen estacas lo suficientemente eficaces para tratar con esta clase de vampiros energéticos, o crucifijos capaces de repelerlos. Lo que sí existe es la posibilidad de identificarlos y ahuyentarlos al minimizar sus tragedias, casi siempre miserables.

No hay vampiro energético que tolere una burla sobre sus problemas. Basta reírse un poco de ellos e invitarlos a revisar la naturaleza frívola de sus inquietudes, para que retornen a sus ataúdes vaporosos y recurran con urgencia a otros oyentes más proclives a las abducciones energéticas.

 fuente:elespejogotico

Aceptar la realidad......

lunes, 1 de diciembre de 2014

NO a la pirotecnia!

No pienses tanto....

¿DIOSES COSMONAUTAS EN LA MITOLOGIA GUARANÍ? escribe GUSTAVO FERNANDEZ

Los "guaraníes" conformaban -conforman- una extendida etnia indígena que abarca buena parte del actual Brasil, oeste de Venezuela, Ecuador, parte de Perú, Paraguay y noreste de la actual República Argentina. Nómades, subdivididos en innumerables tribus, clanes y lenguas, su influencia en el mundo posthispánico es indubitable. Se estima sus más remotos orígenes hacia el año 12.000 antes de Cristo, y era obvio esperar que en semejante lapso de continuidad racial la presencia de extraterrestres -evidente en otras culturas del orbe- reclamaría su lugar también en este caso. Así que, estudiando las leyendas y el lenguaje del pueblo guaraní (cuando menos en las áreas geográficas a las que he tenido acceso) me cabe la ocasión de señalar algunas analogías que estimo dignas de interés. Júzguenlas ustedes.
El "yaciyareté" es un geniecillo que según ese pueblo habitaba en las selvas del noreste argentino, en las provincias de Misiones, Chaco, Corrientes y Formosa, describiéndolo como un ser pequeño, de no más de un metro de altura pero bien proporcionado, con una larga cabellera rubia que le colgaba hasta la cintura, vistiendo un ajustado taparrabos y empuñando una "vara dorada" de su misma altura, aferrado a la cual podía elevarse a cierta altura durante algunos minutos o bien, mediante un toque de la misma, prender fuego a lo que le pareciera, inclusive las piedras. Este ser, cuentan las leyendas, solía secuestrar niños de un promedio de cinco años durante dos o tres días, relatando éstos a su regreso que el ente los había alimentado con unos "dulces" muy extraños y deliciosos, contándoles insólitas historias sobre las estrellas y sus hermanos que vivían entre ellas los cuales, aseguraba, algún día vendrían a buscarlo. ¿Se trataría, quizás, de algún extraterrestre, náufrago en nuestro planeta, que como un Robinson Crusoe interplanetario distraía sus horas con los nativos aguardando el rescate de sus compañeros?. De ser así, ¿fue alguna vez rescatado?. ¿O sus restos descansan, junto a los de su nave, en algún punto de la aún hoy inexplorada selva del noreste?.
Es interesante hacer algunas consideraciones etimológicas, esto es, sobre la naturaleza de las palabras. El idioma de los guaraníes (cuyo nombre correcto es "avañeé") es una lengua de yuxtaposición, de donde se puede descomponer un término en otros individuales con significado. Así, "yaciyateré" es una deformación, con el tiempo, de "Iasi-ya-te-mbé". "Iasy" suele traducirse como "luna", pero en realidad es "I-asy" o "cosa luminosa del cielo". En cuanto a "Ya" ("i-á") describe a la "serpiente" o, mejor aún, a un "movimiento serpenteante", mientras que "Te" se adjudica a "brusco", "sorpresivo". "Re" en tanto, juega el papel de giro advocativo de "Mbé" cuando se yuxtapone al final de una expresión.
"Mbé" significa "salido de" o "nacido de". con lo cual tenemos: "El ser salido de una cosa luminosa que se desplaza con movimientos bruscos (¿zigzagueantes?) por el cielo".
Más concretamente en Corrientes se le llama, desde tiempos inmemoriales, "Pombero". Analizando la palabra, tenemos: "Po", "campana"; "Mbé" es, como ya viéramos, "salido de", mientras que "Ro" es "chato", "bajo".
Es decir, "el ser salido de una campana achatada" en obvia relación con una de las formas más habituales de lo que conocemos como OVNI. Incidentalmente, es interesante acotar que la "vara", llamada "verá", significa "brillante".
Quizás el accidente de un OVNI
Los hombres de los conquistadores Solís y Gaboto, asombrados por la presencia de trozos de metal brillante y plateado colgando como amuletos del cuello de algunos indígenas -y sospechando que podría tratarse de plata, si bien dejan constancia, asombrados, de la "liviandad del metal"- inquieren a sus traductores sobre la procedencia del mismo. Obsérvese que en la crónica escrita de ambas expediciones se señala la aparente procedencia artificial de los objetos, por su aspecto de trabajados. Los indígenas interrogados responden con la expresión "mbaé verá guasú", cuya traducción sería: "Mba" ("recogido de"), "e" ("choza" o "casa", es decir, algo manufacturado, no una cueva o hueco); "verá" ("brillante") y "guasú" ("grande") lo que nos hace acordar de esta expresión: Yaciretá.
Existe una isla, asiento del complejo hidroeléctrico del mismo nombre, que así es denominada. En sus playas es aún hoy posible encontrar unos pequeños objetos arborescentes, de unos dos centímetros, de arena vitrificada cuyo origen es desconocido, a menos que los identifiquemos con las famosas "tectitas", esferoides de vidrio provocado por el gigantesco calor de las explosiones atómicas. "Yaciretá" puede traducirse como "Yacy" o "Iasy" ("cosa luminosa del cielo"). "Re" (aquí en el sentido de "Ro" y no "Mbe" pues es aglutinante, y se interpreta como "achatado") y "Ta" (la expresión "i-tá" o "itirá" define a un ente espiritual, compañero dekl hombre que ha hecho un pacto con duendes o seresw superiores, y por extensión una clase de inteligencia y una naturaleza "distinta" de la del humano corriente).
En conjunto, debe leerse como: "la cosa achatada y luminosa del cielo con inteligencia o espíritu" o "la cosa achatada y luminosa del cielo dirigida inteligentemente" o "con inteligencia" (¿tripulantes?).
¿Qué podemos concluir de esto?. Tal vez que en algún remoto pasado, la isla fue arrasada por la caída de un gigantesco navío interplanetario o, como sugieren ciertos estudiosos, hasta su propio origen puede deberse al cataclismo provocado por una gigantesca explosión, tal vez originada en sus propulsores, ya que la geología de la Mesopotamia argentina es extraña, exigiendo convulsiones monstruosas de la tierra en épocas más o menos recientes para explicar su naturaleza. Esa misma explosión puede haber dejado huella en esas pequeñas "tectitas" arenosas a que hiciéramos referencia anteriormente.
Lógicamente y de haber ocurrido, esto tendría que haber sido impresionante para la mentalidad nativa que, al rescatar algunos escasos trozos del fuselaje de la nave, lo conservaron como un regalo de los dioses al pueblo. y si se piensa que el origen de "mbaé verá guasú" puede encontrarse en meteoritos señalamos, además de la ubicación geográfica carente de meteoritos, la particular descripción de los aborígenes: ellos vieron algo plateado, chato, controlado, que luego -y sólo luego de haberlo visto- se accidentó. Un meteorito es una bola de fuego que se precipita a tierra, sin ninguna de las particularidades abundantemente descriptas en la riqueza idiomática del avañeé.
Corresponsales del Cosmos
No es tal vez de las evidencias más contundentes, pero es igualmente interesante rescatar otra expresión idiomática: la de "arandú", que en general se aplica al "brujo" pero no al curandero común sino al que, bajo exaltación mística, se comunica con los dioses, el "chamán". Textualmente, la palabra significa "el que escucha cosas del cielo".