viernes, 23 de diciembre de 2011

INICIACION HERMETICA EN EL ANTIGUO EGIPTO


Cuando hablamos de las escuelas esotéricas a través de la humanidad no podemos dejar de hablar sin excepción de las Escuelas de Egipto, de la Orden del Escarabajo, de los estudios superiores que se realizaban en las Pirámides.

Resulta sorprendente que la colosal Esfinge, de Gizeh, que ocupa ahora su lugar junto a la Gran Pirámide, sea obra de la primera civilización egipcia, en la más remota antigüedad.

La esfinge, esculpida por obra de más antiguo sacerdocio humano, es la imagen de la Naturaleza. Una cabeza humana sale de un cuerpo de toro con garras de león y pliega sus alas de águila a los costados.

En ese ser compuesto del toro, del león, del águila y del hombre se encuentra representado cuatro elementos constitutivos del microcosmos y del macrocosmos, el agua, la tierra, el aire y el fuego, base de la Ciencia Oculta. 
Hermes es el misterioso primer iniciador de Egipto en las doctrinas sagradas, como casta, es el sacerdocio depositario de las tradiciones ocultas.

Los griegos discípulos de los egipcios, le llamaron Hermes Trimegisto, es decir el tres veces grande Dios Ibis de Toth.

La Doctrina del Fuego Principio y del Verbo Luz, encerrada en la Visión de Hermes, será el centro y la cúspide de la Iniciación Egipcia.

El sacerdocio egipcio, cuerpo orgánico de iniciados, depositarios de la antigua ciencia de Hermes, se retiró al secreto de sus santuarios.


Los iniciados juzgaron necesario recubrir la verdad esotérica con un triple velo que la hiciera inatacable. A la difusión exterior del culto popular de Isis y Osiris, corresponde en lo interior la organización de los pequeños y los grandes misterios. Se le rodeó de barreras casi infranqueables. Se exigió el juramento de Silencio, bajo pena de muerte al iniciado que divulgara el menor detalle de los Misterios.

La Iniciación egipcia vino a ser el refugio de la doctrina esotérica y además el crisol donde se fundió la resurrección nacional del Egipto y escuela de religiones futuras.


Los sabios decían: Para alcanzar la maestría, el hombre tiene necesidad de una transformación total de su físico, moral e intelectual. Esa modificación sólo es posible por el ejercicio simultáneo de la Voluntad, de la Intuición y del razonamiento. El alma posee sentidos que están dormidos, la Iniciación los despierta. La Doctrina Egipcia tiene una concepción septenaria del Hombre.


Las Sociedades Iniciáticas, como la Masonería, el Rosacrucismo y el Gnosticismo Universal, en la Ceremonia de acceso al grado de Aprendiz o miembro de Segunda Cámara, someten al candidato a cuatro viajes llamados Iniciáticos. El primero comporta la prueba de Tierra, el segundo la prueba de Aire, el tercero la prueba de Agua y el cuarto la prueba del Fuego. Se trata de enseñar al candidato a dominar las trampas del mundo material; de instruirlo sobre la utilización de la fuerza del Pensamiento; de enseñarle después a dominar las pasiones y finalmente conectarlo con su Ser divino, poniéndolo al Servicio de su Padre Interno. Pero esos viajes, realizados mediante un ceremonial muy sugerente, no son más que una escenificación. En ellos el candidato no aprenderá nada, a menos que comprenda en profundidad que aquella ceremonia externa debe ser vivida en su interior, aprendiendo realmente a dominar las fuerzas morales, las emotivas, las intelectuales y las materiales, convirtiéndose en experto en cuestiones del alma. Son unos viajes simbólicos que todos deberemos un día llevar a cabo, ya que la conquista de la Sabiduría es una tarea común a todos. Quienes los realizan en su aspecto simbólico atestiguan de su afán de quemar etapas, anticipándose a etapas evolutivas futuras.


La Sabiduría sólo se adquiere a base de trabajos internos a lo largo de nuestra vida y de varias existencias.


fuente:serexistencialdelalma.ning.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario